Todo lo que sube baja y todo lo que baja subirá algún día

Todo lo que sube baja y todo lo que baja subirá algún día

El Euríbor está hecho un plusmarquista y en su carrera a la baja no lo pilla ni Usain Bolt montado en el trineo más rápido del mundo.

El índice del que dependen casi todas nuestras hipotecas acaba de marcar un nuevo mínimo histórico al cerrar provisionalmente este raquítico mes de febrero en 1,225%.

Ya son tantos los récords que ha marcado que perdí la cuenta cuando Escarlata O’Hara dijo que no volvería a pasar hambre… Y creo que desde entonces ha perdido ya dos tallas de corsé.

Qué guay para los hipotecados a los que les toca revisión, que verán cómo los intereses que le chupa el banco bajan de media uno 800 euros al año, pero qué mal para estos vampiros porque siguen sin poder sangrarnos tanto como están mal acostumbrados a hacerlo.

El capitalismo es como la salsa: meneo por aquí, meneo por allá, nadie para de moverse, unos se juntan con otros por conveniencia, a veces el ajetreo nos tiene a todos al alza y otras nos lleva a todos a la baja.

¿Adivináis en qué fase estamos? Por favor, si alguien lo sabe, que llame a la Moncloa y con paciencia y tesón explique a ZP y Salgado en qué capítulo de Barrio Sésamo hablaban de ello. Del sentido común para ver las cosas, reconocerlo y actuar en consecuencia, quiero decir.

Tanto cuando el baile es por arriba como cuando es por abajo, los movimientos son contagiosos porque, como todos se miran de reojo unos a otros, cuando unos suben otros también y cuando unos bajan, otros también. Todo está interrelacionado. El problema es que ahora todos los colegas europeos, con permiso de la tragedia griega, están subiendo y nosotros seguimos estancados y empeñados en perrear el son latino.

El despegue que debería ser lento pero seguro nos está costando más que subir la montañeta con el funicular estropeado. Ni que decir tiene que en esta pista de baile nuestro Gobierno tiene el todadiscos desafinado, la DJ de Economía Sostenible sabe demasiado de pinchazos y no sé cómo nos las apañamos para que siempre nos toque bailar con la más fea. Y que conste que no lo digo pensando en nuestra vicepresidenta.

El Banco Central Europeo (BCE) no tiene tanta flexibilidad como Ricky Martín ni tanto aguante en pista como Chayanne, así que de un día para otro nos empezará a cambiar el ritmo del juego y no estaremos preparados. Porque la escalada inversa del Euríbor tendrá fin, como todos los cuentos de princesas, pero el nuestro sabe más a rana rancia y a bruja quemada que a despegue económico como Dios manda.

Es una pena que cada vez menos gente se pueda beneficiar de la bajada del Euríbor, momento único que nostálgicamente recordaremos en los siglos venideros, porque el número de hipotecas contraídas en España ha bajado un 22%. ¡Juaska!

Deberíamos echarnos a la mar, como Colón, para aprender de un bailaor que tiene un buen par de ideas a la semana. Mientras a nosotros nos echan la soga al cuello a otros les echan flotadores para evitar que aumente el número de desahucios en Estados Unidos.

Prometo premiar a quién sepa ver las siete diferencias. El premio, claro está, es por conseguir ver sólo siete.

¡Feliz semana, espías!

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