
Caja Rosa preguntándose dónde ha puesto las casitas embargadas que le sobran. "Ah, sí, aquí bajo el sobaquillo", piensa.
Mi abuelo, que también era espía y fue me ilustró en este noble oficio, decía que en esta vida sólo hay dos cosas aseguradas: la muerte y los impuestos. Pero es que mi abuelo era de 1902, como el Real Madrid, lo que explica por qué no sabía que hay otra cosa igual de segura: las estadísticas.
Y otra aún más: el afán de los medios por publicarlas, de la gente por conocerlas y de los políticos por consultarlas. De hecho creo que los políticos no tienen libro de cabecera sino sondeos con las tapas del BOE (para disimular que se enteran de algo que trascienda su popularidad, vaya).
La de hoy va de cajas, bancos y pisos, tres variables de una ecuación que se convierte en peligrosa si en lugar de hipotecas concedidas y pagadas con personas felices dentro, el resultado son hipotecas impagadas, embargos y subastas, con personas infelices fuera y despejando a las inmobiliarias que ya tienen la equis más puesta que el empate de la quiniela del domingo.
Como gallos de pelea pero con pose de flamenco rosa, bancos y cajas andan siempre a la gresca (eso sí, educada y engominadamente) para competir por número de clientes, operaciones, beneficios, responsabilidad social corporativa… Y ahora también por ver quién vende más pisos. ¡A la rica casita, oiga! ¡Cómo tengo los chalés! ¡La que sabe se lo lleva!
Dando la cara con la cruz a cuestas y degradado a mercadillo, el mercado inmobiliario parece un ring en el que las entidades financieras se disputan quién se deshace de más casitas, con las inmobiliarias en el impagable papel secundario de nenazas mendicantes totalmente fuera de juego.
El balance de venta de pisos en 2009 deja a un lado del ring a las cajas, con más fusiones, movidas y pisos vendidos que nunca, y en el otro lado a los bancos, con menos beneficios, menos pisos liquidados pero más aguante.
Las cinco cajas más grandes de España (Caja Madrid, la Caixa, Bancaja, la CAM y Caixa Catalunya) han vendido el doble de pisos que los siete bancos que cotizan en el Ibex 35. Chúpate esa, Teresa: 7.590 chamizos han vendido las cajas y 3.735 chabolos los bancos.
Algunos (que dicen que entienden) opinan que esto se debe a que las cajas han sido mejores samaritanas que los bancos, concediendo más hipotecas y por tanto teniendo que sufrir más impagos y más embargos, lo que ha supuesto que sustituyan la obra social por la obra de toda la vida: la de ladrillos y cemento.
También porque, aunque todos tienen una web con complejo de escaparate inmobiliario, los bancos se resisten a abaratar los pisos para venderlos, perjudicando a todos: promotores, cajas y, por supuesto, compradores de viviendas. Sí, nosotros, los marqueses del pan pringao de toda la vida.
Ahora sólo está por ver durante cuánto tiempo será capaz de seguir así el mercadillo del ladrillo, un mundo al revés en el que los pisos los venden los bancos y los créditos los dan las inmobiliarias. ¿Quién da más?

