La reforma de la Ley Hipotecaria: sí pero no (II parte)

Podrían haber exprimido un poco más el tema

Podrían haber exprimido un poco más el tema

Como os contaba el miércoles, habemus reforma de la actual Ley hipotecaria, vigente desde 1909. Guauuu.

Para ser moroso, ya no hace falta estar un solo mes sin pagar. Ahora puedes estar hasta 3 meses sin dar un chavo de la hipoteca, ¡yuju! Como ahora se tarda en encontrar curro una media de 6 meses, todavía te quedan otros tres para pensar si te tiras por el viaducto o pides que te abandonen en una gasolinera, donde al menos hay comida y baño gratis.

También puedes proponer al banco un plan para que te deje pagar la deuda como tú puedas, aunque luego puede negarse (pos vaya). ¡Ah! Y si el tema se te pone feo, puedes tocar el plan de pensiones para pagar la deuda.  Si tienes hijos menores de 3 años o dos hijos sólo a tu cargo, estás casi blindado.

Pero, cheeeee, quieta la imaginación que, como buenos españoles que sois, os veo venir la picaresca. No vale dejar de pagar aposta la hipoteca para tocar el plan de pensiones y luego usar el dinero en otra cosa. Bueno, sí vale, la ley no dice nada de eso, pero es poco útil y está feo, ¿no? Quizás es que han pensado aumentar la natalidad y los divorcios  de esta manera. Con este Gobierno nunca sabes cuál es el propósito real de lo que hacen.

Si al final no pagas, los intereses de demora serán tres veces el interés legal del dinero. Como ahora está en el 4%, lo que te cobran por retrasarte en el pago baja al 12% en lugar del 20% o 29% que estaba en algunos casos. Aun así, es un huevo de caro.

También se cambian alguna que otra cosilla como las hipotecas inversas, y se crea un fondo social de viviendas con casi 6.000 pisos, una minucia teniendo en cuenta que el año pasado 32.500 familias perdieron su casa.

La mayoría de las medidas me parecen sensatas, majas y estupendas, pero aún queda mucho por avanzar y sobre todo por prevenir desastres como el de ahora. Fuera las cláusulas abusivas, que se carguen las hipotecas tóxicas y regulen los intereses que se pueden cobrar. Eso sí serían buenas soluciones complementarias a éstas.

La dación en pago (cancelar la deuda entregando el piso al banco) brilla por su ausencia. No sé si es algún tipo de alzheimer político o es que no la incluyen para que la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) siga teniendo razón de existir. De ello hablaré más detenidamente en breve, de cómo la birria de dación en pago light que aprobaron no llega ni para dar luz a un ciego.

Ahora es tu turno: ¿cómo mejorarías la actual Ley Hipotecaria? Ayudemos al Gobierno, que no se diga que no pensamos por nosotros mismos, chic@s, para eso ya está el Senado.

Un pensamiento en “La reforma de la Ley Hipotecaria: sí pero no (II parte)

  1. barceloniense

    La dación en pago no es un olvido, sencillamente no se va a aprobar y mucho menos retroactivamente. Si se hiciera, lo podrían pedir todos los sectores, imaginemos por ejemplo una pequeña empresa que debe los salarios de tres meses a los trabajadores y éstos, lógicamente cabreados, exigen cobrar, ante lo cual el empresario dice “Ahora mismo os pago, coged cada uno veinte amortiguadores y diez llantas de esas que fabricamos y no vendemos, que os hago una dación en pago” ¿A que esta dación en pago no mola y los trabajadores quieren dinero, porque los contrataron para trabajar a cambio de dinero y los amortiguadores que se los meta el empresario … en el almacén?

    El banco presta dinero y el contrato dice que hay que devolver dinero, es así de sencillo.

    La ley que hay que cambiar es el artículo 671 de la Ley de Enjuiciamiento Civil, que permite al banco, cuando no hay postores en la subasta, pedir que se le adjudique el bien hipotecado (el piso) por el 60% del valor de tasación. Sencillamente hay que cambiar el artículo para que diga que se lo podría adjudicar por el 100% del valor de la tasación, que a fin de cuentas la tasación la hace el banco, pues que la asuma a las duras y a las maduras. Ya veríais como los bancos serían los primeros en dar facilidades o aceptar voluntariamente daciones en pago.

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