Con las hipotecas suele ir aparejado un seguro de vida. No es obligatorio firmarlo, ni siquiera imprescindible, aunque la mayoría de bancos lo exigen si quieres tener un diferencial más bajo o incluso si aspiras a que te presten el dinero.
El seguro de vida, junto con el de hogar (único obligatorio), la domiciliación de la nómina y los recibos, es el producto que más suelen pedir que contrates para tenerte bien amarradito a sus faldas y llenarles las arcas de las aseguradoras que tienen en propiedad o participadas en un gran porcentaje.
El negocio para la banca es redondo: te tienen atado mientras devuelves el préstamo, les enriqueces a través de sus compañías de seguros y -aquí está el tercer quid de la cuestión- si la palmas se aseguran de cobrar la hipoteca aunque tú ya no estés para verlo.
No se esperan a ver si la familia hace frente a la deuda, si tus herederos pueden pagar o si les toca la lotería este año o al que viene. El seguro de vida va destinado a que, si te vas al otro barrio, dejes hechos los deberes de la hipoteca: el banco cobra hasta el último céntimo.
Qué duda cabe que la familia también respira aliviada si no tiene que pagar lo que queda de la hipoteca. Encima de que te han perdido, se han esfumado tus ingresos. En el mejor de los casos les queda una pensión pero, cuando alguien muere, de repente los gastos no se reducen a la mitad. La comunidad, los recibos y la hipoteca siguen siendo los mismos.
Las compañías de seguros dicen que, gracias al seguro de vida, cada día hay 7 familias que pueden pagar la hipoteca cuando uno de los suyos se va al otro barrio, pues cada año la palman 2.400 personas que tenían contratado un seguro de vida ligado al préstamo hipotecario. Según la estadística, los que más la diñan son los que pasan de los 50 y luego los que pasan de los 40, y cuanto más joven mueres más deuda dejas, eso está claro.
El 75% de los que van al cementerio tenían el seguro desde hacía menos de 8 años y dejaron grandes deudas pendientes. O sea que a muchos les viene fenomenal tenerlo por si a alguno de los titulares de la hipoteca les pasa algo, pero antes de contratarlo debes pensar si de verdad te interesa. ¿Cuánto hay que pagar de más al año? ¿Te compensa a cambio de bajar el diferencial? ¿Mi familia podría pagar la hipoteca si la palmo? Sólo tú tienes la respuesta, no el banco.









